Cuando el editor se equivoca

Una niña de ocho años fue la responsable del salto más rápido del paro a las listas de más ricos que se haya producido en el mundo literario. Joanne Rowling mandó su obra a Bloomsbury, una pequeña editorial londinense por aquel entonces, que iba a rechazar (y ya iban 12 o 13) la publicación de su libro, hasta que la hija del jefe convenció a su padre de que había que publicarlo. Aún así, la sugerencia del editor fue que ocultara su condición de mujer tras dos iniciales. En 1997 Bloomsbury lanzó a la venta 500 ejemplares de Harry Potter y la piedra filosofal. Premio del Libro Británico, en la categoría Libro Infantil del Año, y, más tarde, Premio al Mejor Libro Infantil, este fue el origen de una de las franquicias literarias más exitosas de la historia. Curiosamente, ya siendo conocida la obra en Reino Unido, en España siguió el mismo camino bacheado, quedándose al final con la saga la pequeña (por aquel entonces) editorial Salamandra.
Este enigma no tiene solución: nadie sabe por qué un libro triunfa, por qué una novela se edita y fracasa o se rechaza y, con el tiempo, acaba vengándose de los editores que la tiraron a la basura. Rechazar es el destino infausto de las editoriales. Todos los editores coinciden en que en general se les escapan muy pocas obras maestras, pero la historia de la literatura está sembrada de errores. Algunos, muy célebres.
No se sabe si es leyenda urbana o verdad que Carlos Barral pasó media vida lamentando haber rechazado publicar Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. García Márquez se encargó de rodear la gestación de la novela en sí de realismo mágico, aunque si parece cierto que hubo algún que otro rechazo inconfesado. Pero si es seguro que la editorial Losada de Buenos Aires se negó a publicar La hojarasca, su primera novela.
Es evidentemente que las explicaciones para comprender el rechazo de una obra son variadas. Aparte de lo subjetivo que puede ser la apreciación de la calidad de un manuscrito, siempre hay que tener en cuenta otros factores. Uno de los más importantes es el miedo a la censura, sea esta oficial, social o autocensura. A Nabokov le recomendaron encerrar bajo siete llaves el original de LolitaLa colmena tuvo que publicarse en Buenos Aires después de que La familia de Pascual Duarte estuviera prohibida su distribución. Otros condicionantes pueden ser igual de inadmisibles: el ser mujer (Mary Shelley: Frankenstein), ser de raza negra (Raices, de Alex Haley), ser mujer negra (Alice Walker: El Color Púrpura) o contar una historia que no interesa que salga a la luz (Criadas y Señoras, ópera prima de Kathryn Stockett; sesenta veces rechazada).
Las modas literarias, sin duda uno de los fenómenos que mantiene vivas y con salud a las grandes editoriales, también son uno de sus mayores problemas. Con frecuencia, muchas de las grandes casas de edición se muestran tan obcecadas por subirse al carro del boom vigente que rechazan por sistema cualquier otra historia. Y por supuesto, alguna de esas historias será la que desate el siguiente boom. Eso esplica como algunas obras con cara de best-seller sean rechazas sistemáticamente. A Louisa May Alcott un editor le recomendó que siguiera enseñando tras negarse a publicar Mujercitas, que sigue imprimendose a día de hoy. Margaret Mitchell recibió 38 negativas por Lo que el viento se llevó. Ganó el Pulitzer en 1937, vendió 30 millones y originó una de las películas más famosas de la historia. Stephen King llegó a destruir su primera novela y solo consiguió publicar la cuarta, Carrie, a duras penas. Siendo ya famoso, decidió enviar novelas bajo seudónimo de Richard Bachman (para el que creó todo un curriculum) con la intención de resolver la duda "talento o suerte". La duda no se sabe si se resolvió, pero las ventas de la primera novela crecieron de la modestia a lo astronómico cuando se descubrió quien era Bachman realmente.
Por rechazar, se rechazó hasta El diario de Ana Frank. Quizá lo más duro son los libros rechazados que se convierten en grandes éxitos postumamente: es el caso de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole (que llegó a suicidarse por creerse un escritor frustado), El gatopardo, de Lampedusa, o la trilogía Millenium de Stieg Larsson.
James Joyce, Faulkner, DH Lawrence, Oscar Wilde... La lista de grandes clásicos de la literatura a los que les costó publicar es bastante larga. También ha habido ocasiones para vengarse. Doris Lessing jugó en 1981, cuando ya era más que famosa, una broma editorial al enviar con el pseudónimo de la inédita Jane Somers una novela a varios editores. Todos la rechazaron, episodio narrado por la propia Lessing, que llegó a publicar hasta las cartas de la vergüenza, denunciando así algo más que la situación difícil de un escritor desconocido: que, en realidad, no se atendiera a la calidad de la obra misma. El Sunday Times hizo un juego similar. Mandó los primeros capítulos de dos novelas que habían ganado el premio Booker, uno de los más prestigiosos del mundo. Una de las novelas era En un Estado libre, de V.S. Naipaul, que recibió el Nobel de Literatura cuatro años antes, la otra era Holiday, de Stanley Middleton. Le cambiaron los nombres de los personajes, pusieron como autor a un desconocido y las editoriales no sólo no reconocieron ninguna obra, sino que las rechazaron porque no las veían con «calidad suficiente» para su catálogo. El libro de Middleton aún consiguió algún interés. La escritura del premio Nobel se encontró con un 100% de rechazo por parte de las editoriales.
En la actualidad la autopublicación, principalmente digital, está siendo un refugio para los rechazados y un semillero para las editoriales. Ildefonso Falcones tuvo que autopublicar la novela, luego millonaria y televisiva, La Catedral del Mar. Otro gran éxito editorial a posteriori es la serie Metro 2033, de Dmitry Glukhovsky, cuya primera novela comenzó publicandose por entregas en Internet. Con el beneficio añadido de las correciones y sugerencias de los multiples fans que fue consiguiendo.
El mundo de la ciencia ficción ha sido uno de los más prolíficos en grandes desaciertos editoriales. Philip K. Dick escribió en seis años hasta ocho novelas y las envió a todas las editoriales que conocía. La respuesta siempre parecida : "Señor Dick, su novela es muy interesante, pero no se adapta al perfil que buscamos en estos momentos." Dune, de Frank Herbert consiguió 23 devoluciones hasta convertirse en el mayor best-seller de ciencia ficción. Incluso Asimov fue un gran coleccionista de notas de rechazo. Un editor le dijo a Ursula K. Le Guin que La mano izquierda de la oscuridad era “demasiado complicada“. Pero no hay categoría literaria que se libre de fallos editoriales épicos. Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, publicado por primera vez en 1974, es una obra de ficción filosófica, el primero de los textos en que Robert M. Pirsig explora su metafísica de la calidad. Sigue vendiendo millones despues de 121 notas de devolución. Por no hablar de la dificil que le resultó a Dr. Seuss que sus libros infantiles, ahora imprescindibles en Estados Unidos, fueran impresos. Otra victima notable fue El misterioso caso de Styles: cuatro años recorriendo editoriales, publicada con un contrato abusivo y cambio de final. ¿Su autor? Una tal Agatha Christie.
Otro frente recurrente son las ediciones en otro país. Ya hemos comentado el caso de Harry Potter en España, pero El código da Vinci, de Dan Brown tuvo un recorrido similar cuando ya empezaba a ser conocido en el mercado norteamericano y acabó siendo publicado por una pequeña editorial. Hay quien sospecha que fue más el temor a molestar a la Iglesia y otros opinan que los editores que la rechazaron acertaron de pleno en el ámbito literario, aunque no en el económico. A Jorge Luis Borges muchos editores extranjeros se vieron "obligados" a rechazar la oportunidad de traducir su obra a su lengua, pues le consideraban intraducible.
Sin duda, uno de los casos más significativos es el de Beatrix Potter. Fallecida en 1943, el principal problema al que se enfrentó Potter fue el hecho de ser mujer. Científica póstumamente reconocida, fue una de las primeras investigadoras de la micología, y escribió diversos libros acerca de esta disciplina. Desafortunadamente, nunca pudo publicar en su nombre, ya que al ser mujer no tenía permitido formar parte de ninguna institución científica. Fue su tío, con quien tenía una buena relación, quién publicaba las obras como si fueran suyas. A Potter le valía con que su conocimiento estuviera en manos de la ciencia. Sus obras literarias son en su mayoría cuentos infantiles. El más conocido de ellos es El cuento de Perico, el conejo travieso, por el que luchó durante años para conseguir su publicación en una editorial. Nunca lo logró, pero por sus relaciones con un editor, Normal Warne, pudo pagarle para que los publicara a través de su editorial. Los veintitrés cuentos que publicó fueron pagados de su propio bolsillo, pero la inversión fue fructífera. Los cuentos tuvieron tal éxito que no solo sufragaron los costes, sino que generaron grandes beneficios para la autora durante toda su vida. Quizá por salir de su bolsillo, Potter fue la pionera que decidió publicar sus libros en un formato destinado a los niños, tamaño pequeño, grandes tipografías y temas destinados a ellos.
La duda que queda es ¿qué hemos perdido? Muchas novelas se han rescatado, pero ¿cuántas se han quedado en el camino? ¿Cuántas han acabado con notables carreras literarias? ¿Cuántas esperan su oportunidad? Aunque tampoco podemos decir que los editores se equivoquen siempre. Porque también hay editores que perdieron dinero rechazando posteriores éxitos de ventas que algunos quisieran o quisieramos ver enterrados en lo más profundo de los contenedores de papel.
Y, por supuesto, siempre le quedara a los autores la posibilidad de que su obra se conserve para siempre en la Biblioteca Brautigan, actualmente en Vancouver, Washington. Solo admite manuscritos no publicados y fuera del circuito comercial, que clasifica bajo su peculiar Sistema Mayonesa. Un homenaje a Richard Brautigan (1935-1984), que ideó la biblioteca en su novela The Abortion: An Historical Romance 1966 (1971). Otro experto en recibir devoluciones.
¿De cuantos autores como John le Carre se dijo que "no tenía ningún futuro como escritor"? Hemos hecho una selección de los materiales rechazados más conocidos, que pueden ver en este listado. También le recomendamos que consulte los siguientes enlaces para conocer más autores y obras "impublicables".

http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/21_iv_jul_2009/casa_del_tiempo_eIV_num21_77_80.pdf
https://www.elconfidencial.com/cultura/2012-07-08/las-grandes-novelas-que-las-editoriales-rechazaron_495708/
https://www.libropatas.com/listas/10-escritores-famosos-que-fueron-rechazados-una-y-otra-vez-por-las-editoriales/
https://www.iberlibro.com/blog/index.php/2013/08/06/10-escritores-famosos-que-fueron-rechazados-antes-de-triunfar/
http://www.hojaenblanco.com/el-sorprendente-asunto-de-los-manuscritos-rechazados/
http://www.comoescribirunlibro.com/50-autores-famosos-rechazados-editoriales/
https://www.iberlibro.com/blog/index.php/2013/08/06/10-escritores-famosos-que-fueron-rechazados-antes-de-triunfar/
https://www.eternacadencia.com.ar/blog/contenidos-originales/derivas-literarias/item/grandes-rechazos-editoriales.html
https://papelenblanco.com/25-autores-muy-famosos-que-fueron-rechazados-por-las-editoriales-y-iii-c12c9ace1656
https://paraescribirunanovela.wordpress.com/2014/08/06/autores-rechazados-por-las-editoriales/
http://susurrosdeotromundo.com/?p=58
https://elpais.com/cultura/2012/08/09/actualidad/1344527856_447139.html
http://correccionesyeditores.blogspot.com/2016/12/el-ciclo-del-rechazo-editorial.html
http://rigortextual.com/blog/el-rechazo-editorial
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