26 de abril, 1986 · Aniversario
Chernóbil: una herida que sigue abierta
El peor accidente nuclear de la historia no fue una anomalía. Fue el último eslabón de una cadena de advertencias que el mundo llevaba décadas ignorando.
Era la madrugada del 26 de abril de 1986 cuando el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en el norte de Ucrania soviética, dejó de existir tal como lo conocían sus operarios. En su lugar, quedó una cicatriz de grafito al rojo vivo, una nube radiactiva que en los días siguientes cruzaría Europa de extremo a extremo y una pregunta que todavía hoy no tiene respuesta definitiva: ¿cuánto daño causó realmente?
Cuatro décadas después, el aniversario de Chernóbil nos devuelve a aquella madrugada. Pero también nos obliga a mirar más lejos: a los accidentes que vinieron antes, a los que vinieron después, y a la pregunta que sigue sin cerrarse del todo sobre la convivencia entre la humanidad y la energía nuclear.
Cifras clave
|
116.000 personas evacuadas en las primeras horas |
600.000 liquidadores en las tareas de limpieza |
30 km radio de la zona de exclusión permanente |
162.000 km² afectados por la nube radiactiva |
Lo ocurrido aquella noche no fue un fallo aislado. Fue el resultado de una cadena de decisiones arriesgadas, errores humanos y un diseño de reactor con defectos conocidos. La prueba -ya intentada sin éxito en ocasiones anteriores- buscaba comprobar si la turbina podía generar energía suficiente durante unos segundos críticos tras un corte eléctrico. Nunca debió realizarse en esas condiciones.
La situación se volvió inestable cuando la potencia del reactor cayó por debajo de los niveles seguros. Para compensarlo, los operadores retiraron casi todas las barras de control, una maniobra prohibida. Cuando intentaron detener el reactor con el sistema de emergencia, ocurrió lo inesperado: el diseño de las barras provocó un aumento súbito de la reactividad. Segundos después, dos explosiones destruyeron el reactor.
«Las explosiones volaron la tapa del reactor de 1.200 toneladas y expulsaron grandes cantidades de
materiales radiactivos, formando una nube que se extendió por 162.000 km²
abarcando Europa y América del Norte»
El sarcófago: encerrar lo que no puede desaparecer
Mientras Europa detectaba radiación en sus instrumentos, primero en Suecia, luego en Finlandia y Alemania, y la Unión Soviética tardaba en reconocer la magnitud del desastre, 600.000 personas denominadas liquidadores comenzaron a trabajar en la zona más contaminada del planeta. Muchos eran jóvenes reservistas del ejército, de entre 20 y 30 años, enviados a excavar túneles bajo el reactor y a limpiar a mano material altamente radiactivo de los tejados. Las obras del primer sarcófago de hormigón duraron 206 días.
Ese sarcófago, construido en condiciones de enorme peligro y bajo una presión política extrema, era una solución provisional. Con el tiempo se deterioró. En 2016, treinta años después del accidente, se inauguró el llamado Nuevo Sarcófago Seguro.
|
El Nuevo Sarcófago Seguro (NSS) — 2016 Estructura móvil de acero en forma de arco: 110 m de alto · 150 m de ancho · 256 m de largo · +30.000 t. Construído a 180 metros del reactor y deslizada sobre él mediante raíles. Coste: 1.500 millones de euros. Financiada por el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) y 28 países colaboradores. Diseñada para una durabilidad estimada de más de cien años. |
En los primeros días tras el accidente, cuatro kilómetros cuadrados de pinos murieron tiñéndose de un color marrón dorado que les valió el nombre de Bosque Rojo. Los cadáveres de animales se contaban por miles. La zona parecía condenada a ser un desierto radiactivo para generaciones.
Sin embargo, con el paso de las décadas y la práctica ausencia de seres humanos, la zona de exclusión se ha transformado en uno de los espacios naturales más singulares de Europa. Ciervos, lobos, linces y aves que no se habían visto en la región antes del desastre pueblan hoy estos bosques.
El debate que no se cierra: ¿cuántos murieron realmente?
La cifra oficial de víctimas directas -31 muertos en las primeras semanas, 28 por síndrome de irradiación aguda- no refleja la magnitud real del impacto. Las estimaciones sobre muertes a largo plazo derivadas del cáncer varían enormemente según los estudios y, con frecuencia, según las posiciones políticas de quienes los financian.
Lo que sí es incuestionable es la escala de la contaminación: cinco millones de personas vivieron en áreas afectadas, el cesio-137 seguirá presente en el suelo durante décadas y las restricciones alimentarias en partes de Europa no han desaparecido del todo. En algunos bosques de Alemania, Austria o Escandinavia, los jabalíes y las setas silvestres superan hoy los límites legales de radiactividad con una regularidad que ya nadie encuentra sorprendente.
«Se cree que esa radiactividad no se extinguirá hasta pasados 300.000 años»
Chernóbil no fue el primero. Tampoco el último
Aunque ocupa un lugar central en la memoria colectiva, Chernóbil no fue el primer accidente nuclear, ni el último. Incidentes como Windscale, Three Mile Island o Fukushima, evidencian que los riesgos asociados a esta tecnología han sido una constante.
Fukushima, el accidente más reciente, es el único que, junto con Chernóbil, ha alcanzado el nivel máximo de la escala INES. Sin embargo, a diferencia de 1986, no hubo víctimas mortales directas por radiación: las muertes asociadas al desastre provienen principalmente del caótico proceso de evacuación, más de 150.000 personas desplazadas, y del enorme impacto psicológico sobre la población. En la planta se registraron niveles de radiación de 1.000 microsieverts por hora: la dosis que una persona recibe en condiciones normales a lo largo de un año entero.
Selección de la biblioteca
Con motivo de este aniversario, la biblioteca ha preparado una selección especial de obras relacionadas con el accidente de Chernóbil, con la historia más amplia de la energía nuclear y otros desastres como las guerras nucleares. La selección incluye testimonios directos de supervivientes, análisis históricos y científicos, novela y ensayo, y material audiovisual.
Puedes encontrar la selección en la Galería de la Sala de Préstamo o explorarla directamente en el catálogo en línea.
|
Algunas obras recomendadas Chernóbil : 25 años después – Santiago Camacho, 2011 Regreso a Chernóbil – Ander Izaguirre, 2014 Voces de Chernóbil -Svetlana Alexievich, 2015 Chernóbil 01:23:40 – Andrew Leatherbarrow, 2019 Chernobyl (HBO, 2019) - disponible en formato DVD
|
