Alice Munro 1931-2024

Alice Munro 1931-2024

Obras de Alice Munro en la Biblioteca de La Rioja

Alice Munro, la escritora canadiense maestra del relato breve y ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2013, ha muerto la noche de este lunes en Ontario a los 92 años. Padecía demencia desde hace al menos una década.
Ganadora también del prestigioso premio Booker en 2009, era la gran “maestra del cuento corto contemporáneo”, definión la Academia Sueca al entregarle el Nobel de Literatura. Munro, que empezó a escribir en la década de los cincuenta, usaba el tiempo libre que le dejaba la crianza de sus hijos para tramar sus historias, generalmente enclavadas en pueblos pequeños.
Primera canadiense en recibir el Nobel de Literatura, contaba entre sus grandes influencias con maestros como Tolstói, John Cheever, Carson McCullers o Flannery O’Connor, aunque siempre se compararon sus obras con las de Antón Chéjov. Como las del escritor ruso, las historias de Munro se centraban siempre en los senderos más oscuros de las relaciones entre personas, especialmente entre madres e hijas, un tema recurrente en su obra.
“Quiero que mis historias sean algo que lleve a los demás a decir no solo ‘oh, eso es verdad’, sino que sientan una recompensa de mi escritura, y eso no quiere decir que tenga que haber un final feliz ni mucho menos, sino que todo en la historia mueva al lector de tal manera que sientas que eres diferente cuando termines de leerla”. A lo largo de los últimos años, muchos han confesado sentirse, como ella diría, “diferentes” tras leerla. No solo escritores (aunque Margaret Atwood, Julian Barnes o Joyce Carol Oates han confesado a menudo su admiración por ella), también todo tipo de artistas: un ejemplo cercano es el de Pedro Almodóvar, que en Julieta (2016) amalgamó tres relatos de la canadiense.
La “verdad” a la que hacía referencia la conseguía con personajes genuinamente normales, no embarcados en grandes gestas sino atravesados por dudas cotidianas, por malentendidos, por discusiones, por pequeñas obsesiones o problemas médicos, en una suerte de odiseas íntimas que se convirtieron en marca de la casa. Munro siempre defendió ese estilo de vida íntimo y calmado en la superficie como el gran pozo del que sacaba su inspiración.El secretario permanente del comité literario de la Academia sueca, Peter Englund, dijo algo que siempre quedará asociado a Munro: “Es capaz de decir en 30 páginas más que un novelista corriente en 300″. La capacidad de síntesis eclipsaba un halago mayor: la aceptación del hecho de que Munro no era una escritora “corriente”.
El gran premio de las letras ayudó a desvelar para el mundo en general el prodigio literario que la canadiense venía tejiendo para sus lectores. 
Nacida Alice Ann Laidlaw, la escritora se casó con James Munro, de quien tomó su apellido, en 1951, y se mudó a Victoria, en la Columbia Británica, donde regentaron una librería y tuvieron cuatro hijas. Se divorciaron en 1972 y Munro regresó a Ontario. Se casó por segunda vez con el geógrafo Gerald Fremlin, quien murió en 2013.
Maestra de la forma, en palabras de Salman Rushdie, muchas de sus frases han quedado ya para la posteridad. Una de ellas no solo coronó su vida, sino que ha quedado cincelada en muchas conciencias: “La felicidad constante es la curiosidad”. Pero quizá la clave de todo la diera en una frase de un relato de Escapada: “Pocas personas, muy pocas, tienen un tesoro, y si lo tienes debes aferrarte a él. No debes dejarte asaltar y que te lo roben”. Alice Munro tenía el tesoro del relato y lo cedió al mundo.